Seguro que has visto el titular: cada semana ingerimos el equivalente en plástico a una tarjeta de crédito. La cifra impacta, se comparte sola y aparece en cualquier conversación sobre agua. Pero, ¿de dónde sale ese número y qué fiabilidad tiene? Vamos a desmontarlo con calma para entender de verdad cuántos microplásticos bebemos, cuánto viene del agua y cuánto de otras fuentes que solemos ignorar.
La imagen de la tarjeta de crédito no se la inventó nadie en una sobremesa. Procede de un encargo de la organización WWF a un equipo universitario australiano que, en 2019, revisó los estudios disponibles sobre ingesta de partículas y estimó una cifra de referencia: en torno a cinco gramos por persona y semana. Cinco gramos es, aproximadamente, lo que pesa una tarjeta de plástico. De ahí nació la comparación que todos recordamos.
Ahora bien, un dato honesto exige contar también su letra pequeña. Aquella estimación partía de la literatura científica de entonces, con métodos de medición dispares y bastantes suposiciones sobre cuánto ingerimos por cada vía. No era una medición directa de personas, sino un cálculo a partir de promedios. Estudios posteriores han propuesto cifras bastante menores. Es decir: el orden de magnitud sirve para hacernos pensar, pero tomárselo como una verdad exacta al gramo sería un error.
Aquí está lo que casi nadie cuenta cuando repite el titular. Buena parte de aquella estimación se atribuía precisamente al agua de bebida, sumando la del grifo y, sobre todo, la embotellada. El envase de plástico y su tapón aportan una fracción notable de las partículas, de modo que quien bebe agua de botella a diario suele estar en la parte alta del reparto.
Pero el agua no lo es todo. La comida, el aire que respiramos en interiores y el polvo doméstico también cuentan, y mucho. Cuando alguien pregunta cuántos microplásticos bebemos, la respuesta completa obliga a mirar el plato y el ambiente, no solo el vaso. Por eso las estrategias sensatas de reducción combinan filtrar el agua con cambiar algunos hábitos de cocina y almacenamiento.
Si buscas en internet encontrarás desde microgramos hasta varios gramos semanales. No es que unos mientan y otros acierten: es que medir esto es endiabladamente difícil. Cada laboratorio detecta partículas a partir de cierto tamaño, y las más diminutas, que probablemente son las más numerosas, se escapan de muchos equipos. Cambia el límite de detección y cambia el recuento por completo.
El tamaño manda tanto que el debate se ha desplazado hacia lo más pequeño de todo. Las partículas que se cuelan por debajo de la micra, los nanoplásticos y su comportamiento en el cuerpo, podrían cambiar radicalmente cualquier estimación futura. No es exagerado decir que las cifras que hoy manejamos son provisionales.
Que la cifra exacta sea discutible no significa que el problema sea inventado. Significa que conviene actuar con cabeza en lugar de con miedo. Ingerimos partículas de plástico, eso es un hecho; cuántas exactamente, es una estimación en revisión constante. La reacción proporcionada no es dejar de beber agua ni vaciar la despensa, sino recortar las entradas más evitables.
Y ahí el agua tiene una ventaja enorme sobre la comida o el aire: es la fuente más fácil de tratar. Mientras controlar cada alimento es casi imposible, poner una barrera física en el grifo de casa es sencillo y barato en comparación. La pregunta útil deja de ser cuántos microplásticos bebemos en abstracto y pasa a ser cuántos podemos evitar sin complicarnos la vida.
Reducir la parte que llega por el agua está al alcance de cualquiera. Una membrana de ósmosis inversa retiene partículas hasta tamaños muy inferiores a los de un microplástico, y de paso mejora sabor, cloro y cal. Si además dejas de comprar agua embotellada, eliminas de un plumazo una de las mayores fuentes de partículas del reparto. Sobre hasta qué punto esa membrana es eficaz lo explicamos en detalle en el artículo sobre si la ósmosis inversa elimina los microplásticos.
En Aquaidam vemos a diario en las instalaciones de la Comunitat Valenciana que la gente confunde beber embotellada con beber más limpio. No suele ser así. Para tratar el agua de casa sin depender de la botella, los equipos domésticos de ósmosis y filtración son la respuesta más rentable a medio plazo, tanto para el bolsillo como para reducir tu carga semanal de plástico.
La cifra más citada habla de unos cinco gramos, el peso de una tarjeta de crédito, según una estimación de 2019 encargada por WWF. Estudios posteriores apuntan a cantidades menores. La verdad es que la ciencia todavía no puede dar un número exacto, así que conviene tomar esa cifra como un orden de magnitud, no como un dato preciso.
De un informe que WWF encargó a la Universidad de Newcastle, en Australia, que revisó los estudios existentes y estimó una ingesta media aproximada de cinco gramos semanales por persona. Cinco gramos es lo que pesa una tarjeta de plástico, de ahí la comparación que se ha hecho tan popular en medios y redes.
Una fracción importante, sobre todo si se bebe agua embotellada, ya que el envase y el tapón ceden partículas. Cuando alguien pregunta cuántos microplásticos bebemos, hay que recordar que la comida, el aire interior y el polvo doméstico también aportan una cantidad considerable que no depende del vaso.
Porque medir partículas es muy difícil y no hay un método único. Cada laboratorio detecta a partir de cierto tamaño, y las más diminutas se escapan de muchos equipos. Al cambiar el límite de detección cambia por completo el recuento, así que las estimaciones varían muchísimo según el estudio.
En cuanto a plástico, normalmente sí, porque el agua embotellada suele contener más partículas por culpa del envase. Si además filtras el agua del grifo con ósmosis inversa, reduces todavía más la carga que llega por esta vía, que es la más fácil de controlar de todas.
Preocuparse con cabeza, sí; obsesionarse, no. Ingerimos partículas de plástico, es un hecho, aunque la cantidad exacta esté en revisión. Lo sensato es recortar las entradas más evitables, y el agua es la más sencilla de tratar. Filtrar en casa y evitar la botella son gestos proporcionados y baratos.
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