AQUAIDAM · CAL, DUREZA Y TDS

Medidor TDS: lo que ese número dice de tu agua y lo que calla

Por menos de quince euros puedes comprar un medidor TDS que cabe en un bolsillo y da una lectura en tres segundos. Las redes sociales están llenas de vídeos que lo usan como si fuera un detector universal de contaminantes, y ahí empieza el malentendido. Este pequeño aparato mide una cosa concreta, la hace razonablemente bien, y calla muchas otras. Vamos a poner cada cifra en su sitio.

Qué mide exactamente: conductividad, no pureza

Un medidor TDS doméstico no cuenta partículas ni analiza sustancias. Lo que hace es aplicar una pequeña corriente entre dos electrodos y medir la conductividad eléctrica del agua. Como las sales disueltas (calcio, magnesio, sodio, cloruros, bicarbonatos) conducen la electricidad, el aparato convierte esa conductividad en una estimación de sólidos disueltos mediante un factor fijo, normalmente entre 0,5 y 0,7.

Ese matiz importa. La cifra en ppm que ves en pantalla es una aproximación estadística, no una pesada de laboratorio. Dos aguas con la misma conductividad pero distinta composición darán la misma lectura aunque lleven cosas diferentes. Para el uso doméstico es más que suficiente, siempre que tengas claro el siguiente apartado, que es donde se rompen casi todas las conclusiones de los vídeos virales.

Lo que un medidor TDS no puede decirte

La lista de ausencias es larga, y conviene tenerla delante antes de sacar conclusiones sobre ningún agua:

  • Cloro y cloraminas: el desinfectante que da mal sabor al grifo apenas altera la lectura.
  • Bacterias y virus: no conducen electricidad de forma apreciable; un agua con contaminación microbiológica grave puede marcar 150 ppm tan tranquila.
  • Pesticidas, disolventes y PFAS: la mayoría de compuestos orgánicos son invisibles para el aparato.
  • Microplásticos: son partículas, no sales disueltas; ni los ve ni los verá.
  • Metales pesados a baja concentración: el plomo preocupa en microgramos por litro, una escala que se pierde dentro del total.

¿Significa esto que el aparato engaña? No: significa que responde a otra pregunta. Cuando lo que preocupa es un pozo de dudosa procedencia, una vivienda antigua con tuberías de plomo o un olor extraño en el grifo, lo que toca es un análisis de laboratorio acreditado, que por unas decenas de euros examina decenas de parámetros que ningún bolígrafo electrónico verá jamás.

Dicho al revés: una lectura baja no certifica que el agua sea segura, y una lectura alta no demuestra que sea peligrosa. En el Levante, donde el terreno calizo carga el agua de minerales, es normal que el grifo marque 500 o 700 ppm sin que exista problema sanitario alguno. Si te interesa el porqué de esa mineralización, el origen geológico de la dureza del agua valenciana lo explica con calma.

Cómo usarlo bien: cuatro pasos

  1. Deja correr el grifo unos segundos y llena un vaso limpio, sin restos de jabón ni de bebidas anteriores.
  2. Espera a que el agua esté a temperatura ambiente: la conductividad sube con el calor y muchos aparatos económicos compensan mal ese efecto.
  3. Sumerge el medidor hasta la marca, remueve suavemente para soltar burbujas y espera a que la cifra se estabilice.
  4. Haz dos o tres mediciones y quédate con el valor repetido; una lectura suelta puede engañar.

Si el aparato admite calibración, hazla de vez en cuando con la solución patrón que suele venir incluida. Un medidor TDS descalibrado puede desviarse un 10 o un 20 % sin que lo notes.

Si aún no has comprado el tuyo, dos detalles separan los aparatos decentes de los de juguete: la compensación automática de temperatura (suele figurar como ATC en la ficha) y que incluya sobre o botecito de solución de calibración. Los modelos que además muestran la temperatura del agua ayudan a interpretar lecturas raras. No hace falta gastar mucho: con esos dos requisitos cubiertos, un aparato de gama básica cumple de sobra en casa.

Lecturas típicas y cómo interpretarlas

Con el cacharro ya en la mano, estas referencias ayudan a situarse. Un agua de ósmosis doméstica bien mantenida suele marcar entre 20 y 80 ppm. Las aguas de red de zonas blandas, como Galicia o Asturias, rondan los 100-250 ppm. En cambio, las redes del arco mediterráneo se mueven con frecuencia entre 400 y 800 ppm por la carga de calcio y bicarbonatos del terreno. El reparto no es casual: sigue la geología peninsular, como muestra cualquier comparativa de dureza del agua entre provincias españolas.

Ojo con un error frecuente: TDS y dureza están relacionados, pero no son lo mismo. La dureza solo cuenta calcio y magnesio; el TDS lo suma todo. Un agua costera con intrusión salina puede tener TDS alto por el sodio sin ser especialmente dura. El medidor no distingue entre ambos casos, así que no sirve para dimensionar un descalcificador, por ejemplo.

Para qué sí es útil de verdad

Después de tanto matiz, defendamos al aparato, porque bien usado es una herramienta estupenda. Su gran aplicación es el seguimiento de equipos de ósmosis inversa: midiendo el agua de entrada y la de salida calculas el porcentaje de rechazo de la membrana. Si tu red marca 600 ppm y el grifo de ósmosis marca 40, la membrana retiene más del 90 % y va sobrada; si esa cifra de salida empieza a subir mes tras mes, toca cambio de filtros.

Es exactamente el uso que le damos los técnicos de Aquaidam en cada mantenimiento por Valencia, Castellón y Alicante: comparar entrada y salida en treinta segundos dice más del estado real del equipo que cualquier fecha apuntada en el calendario. Quien tiene un sistema de filtración de agua para casa gana mucho teniendo su propio bolígrafo medidor en el cajón de la cocina.

También resulta práctico para comparar aguas embotelladas con la del grifo tratado, para vigilar acuarios o para detectar cambios bruscos en un pozo. En todos esos casos la clave es la misma: el valor absoluto importa menos que la evolución. Un medidor TDS es un termómetro de tendencias, no un juez de calidad.

Preguntas frecuentes

¿Qué mide realmente un medidor TDS?

Mide la conductividad eléctrica del agua y la convierte en una estimación de sólidos disueltos totales, expresada en ppm. Detecta la carga mineral global (sales de calcio, magnesio, sodio y similares), pero no identifica sustancias concretas ni detecta contaminantes que no conduzcan electricidad.

¿Un medidor TDS detecta bacterias o cloro?

No. Las bacterias, los virus, el cloro, los pesticidas y los microplásticos apenas influyen en la conductividad, así que pasan completamente desapercibidos. Un agua contaminada microbiológicamente puede dar una lectura baja y aparentemente tranquilizadora. Para esos parámetros hacen falta análisis de laboratorio.

¿Qué lectura debería dar mi grifo en la Comunitat Valenciana?

Lo habitual en las redes levantinas es una lectura entre 400 y 800 ppm, reflejo de un agua muy mineralizada por el terreno calizo. Es una cifra alta comparada con el norte peninsular, pero no indica ningún problema sanitario: el agua de red sigue cumpliendo la normativa de consumo.

¿Sirve un medidor TDS para saber si necesito descalcificador?

Solo a medias. El TDS suma todas las sales, mientras que la dureza depende únicamente del calcio y el magnesio. Dos aguas con el mismo TDS pueden tener durezas muy distintas. Para dimensionar un descalcificador se usa un test de dureza específico, en gotas o tiras, que mide grados franceses.

¿Cómo compruebo mi ósmosis con un medidor TDS?

Mide el agua del grifo normal y luego la del grifo de ósmosis. Divide la segunda entre la primera: si el resultado es inferior a 0,15, la membrana retiene más del 85 % y funciona bien. Si la cifra de salida sube de forma sostenida entre mediciones, conviene revisar filtros y membrana.

¿Son fiables los medidores TDS baratos?

Para detectar tendencias, sí; para dar valores exactos, regular. Los modelos económicos pueden desviarse un 10-20 %, sobre todo si no compensan bien la temperatura o llevan tiempo sin calibrarse. Usa siempre el mismo aparato, mide a temperatura ambiente y fíjate en la evolución más que en el número aislado.

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