AQUAIDAM · PFAS

Qué son los PFAS y por qué los llaman químicos eternos

La sartén antiadherente, el chubasquero que repele la lluvia, la caja de la pizza que no se empapa de grasa. Detrás de esas comodidades suele estar la misma familia química. Entender qué son los PFAS se ha vuelto necesario desde que los laboratorios empezaron a encontrarlos en ríos, suelos y agua de consumo de media Europa. Aquí te contamos de dónde salen, por qué no desaparecen y qué puedes hacer en casa con criterio y sin alarmismo.

Empecemos por el nombre. PFAS son las siglas en inglés de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas. No hablamos de un solo compuesto, sino de una familia que, según el inventario que se consulte, supera los 4.700 integrantes registrados, y algunos catálogos amplían la cifra a varios miles más. Todos comparten un mismo rasgo: cadenas de átomos de carbono fuertemente unidas a átomos de flúor.

Una familia con miles de miembros

Ese enlace carbono-flúor es de los más estables que existen en química orgánica. Gracias a él, un recubrimiento antiadherente aguanta años de fogones y una membrana impermeable soporta decenas de lavados sin perder sus propiedades. La otra cara de la moneda es que esa misma estabilidad impide que las bacterias, la luz solar o el paso de las décadas descompongan estas moléculas.

Los primeros PFAS se sintetizaron en los años 40 del siglo pasado y su uso se disparó a partir de los 50, cuando la industria descubrió lo bien que repelían el agua y la grasa. Desde entonces se han fabricado a escala mundial y se han incorporado a miles de productos de consumo e industriales.

Por qué se les llama «químicos eternos»

El apodo de químicos eternos no es una exageración periodística. Resume tres propiedades que, combinadas, explican la preocupación de científicos y reguladores:

  • Persistencia: no se degradan de forma apreciable en condiciones ambientales normales. Lo que se vertió hace 40 años sigue ahí.
  • Movilidad: muchos son muy solubles en agua, así que viajan con la lluvia, los ríos y los acuíferos hasta lugares muy alejados de donde se usaron.
  • Bioacumulación: algunos, sobre todo los de cadena larga, se acumulan en la sangre y ciertos tejidos de animales y personas durante años.

Se han detectado PFAS en la nieve de los Alpes, en la sangre de fauna ártica y en muestras de agua de lluvia de zonas remotas. Por eso, cuando un vecino de Manises o de cualquier pueblo del interior valenciano pregunta qué son los PFAS y si le afectan, la respuesta honesta es que la exposición, en mayor o menor grado, es prácticamente universal.

De la sartén al salpicadero: dónde se usan

La lista de aplicaciones es larguísima porque estas sustancias hacen cosas que ningún otro material consigue igual de barato:

  • Recubrimientos antiadherentes de sartenes y utensilios de cocina.
  • Envases de comida rápida, papeles antigrasa y cajas de cartón para alimentos.
  • Ropa técnica impermeable, calzado de montaña y tapicerías tratadas.
  • Espumas contra incendios usadas en aeropuertos y zonas industriales.
  • Cosméticos de larga duración, hilo dental y algunas ceras de esquí.
  • Procesos industriales: cromados, semiconductores, plásticos fluorados.

Repasar esa lista ayuda a entender qué son los PFAS en la práctica: no un residuo exótico de laboratorio, sino un ingrediente silencioso de la vida diaria. En otro artículo detallamos las fuentes cotidianas de PFAS en el hogar, habitación por habitación.

Cómo acaban en el agua que bebemos

El camino hasta el grifo tiene varias rutas. Las fábricas que producen o usan PFAS pueden verterlos a ríos y alcantarillado. Las espumas contra incendios se infiltran en el terreno de aeródromos y campos de entrenamiento. Los lodos de depuradora aplicados como abono devuelven al suelo lo que la depuradora no pudo destruir. Y desde el suelo, la lluvia los arrastra a los acuíferos que abastecen a muchos municipios.

Las plantas potabilizadoras convencionales, pensadas para eliminar microbios y turbidez, no retienen bien estas moléculas. De ahí que los muestreos publicados en Europa hayan encontrado PFAS en el agua del grifo de España y de otros países, casi siempre en concentraciones bajas, pero medibles.

Qué dice la normativa europea

La Unión Europea ya ha movido ficha. La Directiva (UE) 2020/2184 sobre aguas de consumo fija dos parámetros: 0,5 µg/l para la suma total de PFAS y 0,1 µg/l para la suma de 20 compuestos considerados prioritarios. España la incorporó a su ordenamiento con el Real Decreto 3/2023, y los controles sistemáticos en las redes de abastecimiento se están desplegando de forma gradual, con 2026 como año clave.

En paralelo, varios países europeos han propuesto restringir la fabricación y el uso de la familia entera, no compuesto a compuesto. Es un proceso lento, con fuerte oposición industrial, pero la dirección parece clara: menos PFAS nuevos en el mercado.

Reducir la exposición en casa sin volverse loco

Nadie puede reducir su exposición a cero, y perseguir ese objetivo solo genera ansiedad. Lo razonable es actuar sobre las vías principales: jubilar las sartenes antiadherentes rayadas, limitar los envases de comida rápida y ventilar bien la casa, porque el polvo doméstico también acumula estas sustancias.

En cuanto al agua, la tecnología doméstica con mejores resultados frente a estos compuestos es la ósmosis inversa, seguida del carbón activado de calidad. En la guía sobre cómo eliminar los PFAS del agua comparamos ambas con datos. Si prefieres verlo en equipos concretos, los técnicos de Aquaidam llevan años instalando sistemas de ósmosis y filtración para el hogar por toda la Comunitat Valenciana, y saben adaptar cada equipo al agua dura levantina.

La pregunta de fondo no es si convives con estos compuestos (la respuesta es sí), sino cuánta dosis evitas con gestos sencillos. Y ahí, el agua que bebes a diario es uno de los frentes donde más fácil resulta ganar terreno.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los PFAS exactamente?

Son una familia de más de 4.700 compuestos sintéticos con enlaces carbono-flúor extremadamente estables. Se usan desde los años 40 para repeler agua, grasa y calor en sartenes, envases, textiles y procesos industriales. Su estabilidad hace que persistan décadas en el medio ambiente, y por eso se les llama químicos eternos.

¿Por qué se dice que los PFAS son eternos?

Porque el enlace carbono-flúor apenas se degrada con la luz, el agua o los microorganismos. Un vertido de hace décadas puede seguir presente hoy en suelos y acuíferos. Además, muchos PFAS viajan con el agua y algunos se acumulan en el organismo, lo que prolonga aún más su presencia.

¿Todos los productos antiadherentes llevan PFAS?

No todos, pero sí la mayoría de los antiadherentes clásicos tipo PTFE. Una sartén en buen estado libera cantidades mínimas; el problema aumenta cuando el recubrimiento está rayado o se sobrecalienta. Existen alternativas cerámicas o de hierro mineral que prescinden de esta química.

¿El agua del grifo en España tiene PFAS?

Los muestreos publicados han detectado PFAS en parte de las redes analizadas, generalmente en concentraciones bajas y por debajo de los límites legales. La situación varía mucho según la cuenca y la cercanía de fuentes industriales, así que conviene consultar los datos de tu municipio.

¿Sirve de algo saber qué son los PFAS si no puedo evitarlos del todo?

Sí, porque conocerlos permite reducir la dosis acumulada, que es lo que importa. Cambiar utensilios deteriorados, limitar envases antigrasa y filtrar el agua de beber con ósmosis inversa son gestos sencillos que recortan buena parte de la exposición doméstica sin cambiar de vida.

¿Hervir el agua elimina los PFAS?

No. Hervir elimina microorganismos, pero no destruye estos compuestos; al evaporarse parte del agua, incluso puede concentrarlos ligeramente. Para reducirlos en casa hacen falta tecnologías de separación como la ósmosis inversa o la adsorción con carbón activado de calidad certificada.

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