Sales de la consulta con la misma recomendación que millones de personas: reducir la sal. Revisas el pan, los embutidos, las conservas… ¿y el agua? El sodio en el agua es el gran olvidado de las dietas hiposódicas, y aunque su peso suele ser pequeño comparado con la comida, hay situaciones concretas (ciertas aguas embotelladas, descalcificadores mal configurados, pozos costeros) en las que sí conviene mirarlo con lupa.
Pongamos primero la escala. La normativa española de aguas de consumo (Real Decreto 3/2023) fija un valor máximo de 200 mg/L de sodio, un límite pensado más por sabor que por salud. La mayoría de las redes municipales españolas se mueven muy por debajo, entre 10 y 60 mg/L, aunque en el litoral mediterráneo hay municipios que se acercan al tope por la influencia de acuíferos con intrusión marina o por mezclas con agua desalada.
Traducido a cifras cotidianas: dos litros de un agua con 50 mg/L aportan 100 mg de sodio, el equivalente a un cuarto de gramo de sal. Frente a los 6-9 gramos de sal que consume de media un adulto español al día, es calderilla. Pero si el agua ronda los 200 mg/L y tu médico te ha pautado una restricción estricta, la cuenta ya cambia.
En agua envasada el dato aparece como Na⁺, en mg/L. La mención «indicada para dietas pobres en sodio» está regulada y solo puede usarse por debajo de 20 mg/L. Esta tabla orienta rápido:
| Contenido de sodio | Clasificación práctica | ¿Apta para dieta hiposódica estricta? |
|---|---|---|
| Menos de 20 mg/L | Muy bajo en sodio | Sí |
| 20-50 mg/L | Bajo | Generalmente sí |
| 50-200 mg/L | Medio | Consultar con el profesional sanitario |
| Más de 200 mg/L | Alto (algunas aguas con gas) | Mejor evitar a diario |
Ojo con algunas aguas carbonatadas naturales: las hay que superan los 500 mg/L de sodio y se beben alegremente como si fueran neutras. No lo son para quien vigila la tensión.
Aquí viene el punto que más sorprende en las visitas técnicas. Los descalcificadores de intercambio iónico funcionan sustituyendo el calcio y el magnesio del agua por sodio. Cuanto más dura sea el agua de entrada, más sodio añade el equipo. Con las durezas típicas del Levante, ese incremento puede superar los 100 mg/L adicionales sobre el valor de la red.
Los técnicos de Aquaidam llevamos años recomendando la misma solución en estos casos: dejar un punto de agua sin descalcificar para cocina, o instalar un equipo de ósmosis inversa bajo el fregadero, que retiene más del 90 % del sodio y devuelve un agua adecuada para beber y cocinar. Puedes ver las opciones disponibles en nuestra gama de equipos de tratamiento de agua para el hogar.
En la inmensa mayoría de los municipios, sí. Con los valores habituales de la red, el sodio en el agua supone menos del 5 % de la ingesta total, y ningún protocolo médico serio pide dejar de beber del grifo por la tensión. Lo razonable es otra cosa: conocer el dato de tu zona (aparece en el informe anual de tu suministradora), tenerlo en cuenta si bebes de pozo cerca de la costa y no dar por hecho que toda agua embotellada es baja en sodio.
Y una obviedad que se olvida: hidratarse bien también forma parte del control de la tensión. Si te preguntas si el agua de casa cumple igual que la de botella en ese terreno, te interesa el artículo donde analizamos si el agua del grifo hidrata igual que la mineral: la respuesta corta es que sí.
En cualquiera de estos escenarios, un análisis de laboratorio cuesta poco y despeja la duda con números en lugar de suposiciones. A partir de ahí, la decisión (cambiar de agua de bebida, filtrar, o no hacer nada) se toma con criterio y junto al profesional que lleva tu caso.
El sodio es solo una pieza del perfil mineral del agua. El calcio y el magnesio, por ejemplo, juegan a favor y no en contra. Y hay minerales añadidos deliberadamente en algunos países que generan debate periódico, como contamos en el repaso al flúor en el agua y su controversia científica. Entender el conjunto evita tanto alarmas infundadas como despistes que sí importan.
La mayoría de las redes municipales están entre 10 y 60 mg/L, muy por debajo del límite legal de 200 mg/L. En zonas costeras mediterráneas o con mezcla de agua desalada pueden verse valores más altos. El dato exacto figura en el informe de calidad de tu suministradora.
En general no. Con los valores habituales de la red, el agua aporta una fracción mínima del sodio diario comparada con la comida. Solo en casos de restricción estricta y aguas cercanas al límite legal tiene sentido plantearse alternativas, siempre con el criterio de tu médico.
Sí. El intercambio iónico sustituye calcio y magnesio por sodio, y con aguas muy duras el incremento puede superar los 100 mg/L. Por eso se recomienda mantener un punto de agua sin tratar para beber y cocinar, o instalar ósmosis inversa en el grifo de cocina.
Busca en la etiqueta la mención «indicada para dietas pobres en sodio», reservada a aguas con menos de 20 mg/L de sodio. Desconfía de la intuición: algunas aguas con gas de manantial superan los 500 mg/L y no saben especialmente saladas.
Las membranas de ósmosis retienen típicamente más del 90 % del sodio disuelto, junto con la mayoría de las demás sales. Es la solución habitual cuando el agua de partida es salobre o cuando un descalcificador ha elevado el sodio del suministro doméstico.
Menos de lo que se piensa: las desaladoras modernas entregan agua con sodio controlado y dentro de norma, aunque su perfil mineral difiere del agua continental. El valor final en tu grifo depende de la mezcla que haga tu municipio entre distintas fuentes de suministro.
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