En 1974, un químico holandés llamado Johannes Rook detectó cloroformo en agua potable clorada y abrió un campo de estudio que sigue activo medio siglo después. Aquel hallazgo puso nombre a los subproductos de la desinfección: compuestos que no se añaden al agua, sino que nacen en ella cuando el cloro reacciona con la materia orgánica. Te explicamos cuáles son, qué límites tienen y cómo reducir tu exposición sin renunciar a un agua segura.
El agua bruta que llega a una potabilizadora trae restos de hojas, algas y suelos: materia orgánica natural. Cuando el cloro se encuentra con esa materia, además de destruir microbios, genera reacciones secundarias cuyo resultado son cientos de compuestos nuevos. Son los subproductos de la desinfección, y su cantidad depende de tres variables: cuánta materia orgánica había, cuánto cloro se aplicó y cuánto tiempo llevan reaccionando en la tubería.
Esa última variable explica algo contraintuitivo: el agua puede llevar más subproductos en el extremo de la red que a la salida de la planta, porque la reacción continúa durante el viaje. Y explica también por qué las aguas superficiales mediterráneas, con veranos cálidos y captaciones cargadas de orgánica, son un escenario más propicio que un pozo profundo de montaña.
De esa familia enorme, la normativa vigila de cerca a unos pocos representantes bien estudiados:
Cada desinfectante tiene su firma: el cloro libre genera más THM, las cloraminas menos (a cambio de otros compuestos), el ozono produce bromato si hay bromuro. No existe la desinfección sin huella; existe la huella controlada.
La Directiva europea 2020/2184 y el Real Decreto 3/2023 fijan el límite de THM totales en 100 microgramos por litro y añaden un límite de 60 para los ácidos haloacéticos, además de parámetros para bromato, clorito y clorato. Los abastecimientos españoles cumplen de forma general, y los boletines del SINAC permiten consultar los valores de cada zona.
¿Y la salud? La evidencia epidemiológica, incluidos trabajos con participación española muy citados en la literatura, ha asociado exposiciones prolongadas a THM elevados con un incremento moderado del riesgo de cáncer de vejiga. Conviene leerlo con las gafas adecuadas: hablan de exposiciones altas mantenidas durante décadas, no del agua que cumple la norma. La OMS lo resume con una frase que compartimos: el riesgo de una desinfección insuficiente supera con mucho al de sus subproductos. Sobre otras líneas de investigación abiertas, como la relación entre cloro y microbiota intestinal, la ciencia aún está recogiendo datos.
La buena noticia es que la exposición doméstica tiene remedios sencillos y comprobables:
Un apunte que sorprende a muchos lectores: el clásico truco de la jarra destapada apenas ayuda aquí. El cloro libre sí se evapora, pero varios subproductos ya formados no se marchan tan fácilmente, como explicamos al analizar si dejar reposar el agua elimina el cloro de verdad.
No todas las aguas parten con el mismo riesgo, y entender los factores ayuda a interpretar tu boletín sin alarmarte. La cantidad de subproductos de la desinfección que se forman depende sobre todo de tres condiciones combinadas:
Las compañías de agua trabajan precisamente sobre estas palancas para reducir los subproductos: mejoran la eliminación de materia orgánica antes de clorar, ajustan las dosis y cambian de desinfectante cuando conviene. Es un equilibrio delicado, porque rebajar demasiado el cloro para tener menos subproductos comprometería la seguridad microbiológica, que es la prioridad número uno. Como consumidor, tu margen de maniobra está en el tramo final, dentro de casa, donde puedes retirar tanto el cloro sobrante como los compuestos ya formados sin poner en riesgo nada del sistema.
Los técnicos de Aquaidam llevan años analizando aguas de red por toda la Comunitat Valenciana, y el patrón se repite: valores legales, sí, pero con oscilaciones estacionales que el usuario nota en el sabor mucho antes de leer ningún boletín. Para quien quiere estabilidad todo el año, un equipo de filtración doméstica con carbón u ósmosis cierra el círculo: la red pone la seguridad microbiológica y el filtro retira en tu cocina el cloro sobrante y los subproductos de la desinfección que se hayan formado por el camino. La potabilizadora no puede vigilar el último tramo, el que va del contador a tu grifo; ese es precisamente el que cubre el filtro.
Compuestos químicos que se forman dentro del agua cuando el desinfectante, normalmente cloro, reacciona con la materia orgánica natural presente en ella. Los más vigilados son los trihalometanos y los ácidos haloacéticos. No se añaden a propósito: son la consecuencia inevitable de desinfectar aguas con carga orgánica.
Con carácter general, sí. El límite europeo y español está en 100 microgramos por litro para la suma de trihalometanos, y los controles publicados en el SINAC muestran cumplimiento en la gran mayoría de abastecimientos, con episodios puntuales que obligan a corregir el tratamiento. Puedes consultar tu zona concreta gratuitamente.
Los estudios epidemiológicos asocian décadas de exposición a niveles altos de THM con un aumento moderado del riesgo de cáncer de vejiga. A los niveles legales actuales el riesgo estimado es bajo, y la OMS insiste en que dejar de desinfectar sería muchísimo más peligroso. Reducir la exposición es prudente, no urgente.
Parcialmente: los THM son volátiles y una ebullición en recipiente abierto reduce su concentración de forma apreciable. Pero otros subproductos de la desinfección, como los ácidos haloacéticos, no se evaporan y permanecen en el agua hervida. El carbón activado cubre un espectro más amplio que el calor.
Sí. Al ser volátiles, los trihalometanos pasan al vapor de la ducha caliente y se absorben por inhalación y a través de la piel. Los estudios de exposición estiman que una ducha larga puede equivaler a la ingesta de uno o dos litros de esa misma agua.
El carbón activado de calidad, con suficiente tiempo de contacto, reduce THM y gran parte de los subproductos orgánicos; la ósmosis inversa añade la retención de los no volátiles y de otros contaminantes disueltos. Una jarra filtrante ayuda menos por su escaso lecho de carbón.
Aquaidam instala y mantiene equipos de purificación en toda la Comunitat Valenciana. Te asesoramos sin compromiso.
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