La primera vez que alguien mide su agua con un aparatito de pantalla gris llega casi siempre la misma duda: qué es el TDS del agua y si esa cifra debería preocuparle. La respuesta corta: son los sólidos disueltos totales, un indicador de mineralización, no de calidad sanitaria. Aquí te contamos cómo se obtiene, qué valores son habituales en la Comunitat Valenciana y cuándo tiene sentido reducirlo.
TDS son las siglas en inglés de Total Dissolved Solids, es decir, sólidos disueltos totales. Dicho en llano: la suma de todo aquello que viaja disuelto en el agua y que no se ve a simple vista. Calcio, magnesio, sodio, potasio, bicarbonatos, sulfatos, cloruros y, en proporciones menores, otras sales. Cuando el agua atraviesa terrenos calizos, como ocurre en buena parte del arco mediterráneo, va arrastrando minerales de la roca, y esa carga es la que después refleja la cifra de TDS.
Conviene fijar una idea desde el principio: el TDS habla de cantidad, no de identidad. Un agua con 600 ppm puede llevar sobre todo calcio y bicarbonatos, perfectamente inocuos, mientras que otra con 200 ppm podría contener compuestos bastante menos deseables. Por eso ningún laboratorio evalúa la potabilidad mirando únicamente este parámetro: entender qué es el TDS del agua pasa por asumir que es una foto general, no un diagnóstico.
El TDS se expresa en miligramos por litro (mg/l) o en partes por millón (ppm), que a efectos prácticos son equivalentes. El método de referencia en laboratorio consiste en evaporar un volumen de agua y pesar el residuo seco que queda en el recipiente. Ese es el dato que aparece en los análisis oficiales de las redes municipales.
Los aparatos domésticos no evaporan nada: estiman el valor midiendo la conductividad eléctrica del agua y aplicando un factor de conversión. Es un atajo razonable para el día a día, aunque tiene truco: hay sustancias que no conducen la electricidad y pasan desapercibidas. Si te interesa afinar, en esta guía sobre qué mide de verdad un medidor TDS repasamos sus límites uno a uno.
No existe una tabla oficial única, pero los rangos que manejamos casi todos los técnicos del sector se parecen bastante:
| TDS (ppm) | Mineralización | Dónde es habitual |
|---|---|---|
| 0-100 | Muy baja | Agua de ósmosis, algunas aguas de montaña |
| 100-300 | Baja | Cornisa cantábrica, buena parte de Galicia |
| 300-600 | Media-alta | Mesetas y zonas calizas del interior |
| 600-900 | Alta | Levante, sureste peninsular |
| Más de 900 | Muy alta | Pozos en terrenos salinos, zonas costeras concretas |
La normativa española de agua de consumo (Real Decreto 3/2023, que traspone la Directiva europea 2020/2184) no fija un límite de TDS como tal; utiliza la conductividad como parámetro indicador, con un valor de referencia de 2.500 µS/cm. Traducido: se puede beber legalmente un agua muy mineralizada, otra cosa es que te guste su sabor o lo que le hace a tu cafetera.
Las etiquetas del agua embotellada usan el mismo concepto con otro nombre: el residuo seco. Cuando una botella presume de mineralización muy débil está declarando un residuo seco inferior a 50 mg/l, y las de mineralización débil se quedan por debajo de 500. Es un ejercicio curioso comparar la etiqueta de tu marca habitual con la lectura de tu grifo: pocas cosas explican mejor la diferencia de sabor entre ambas.
En Valencia, Castellón y Alicante lo normal es moverse en la franja media-alta o alta de la tabla. La mineralización va muy ligada a la cal: si quieres ver cómo se reparte por territorios, este mapa de la dureza del agua por provincias completa el cuadro.
Merece la pena insistir porque circulan muchos vídeos alarmistas. La Organización Mundial de la Salud no establece un límite sanitario para los sólidos disueltos: sus guías los tratan como una cuestión de aceptabilidad, básicamente de sabor. Por encima de 600 ppm el agua empieza a notarse pesada al paladar, y a partir de 900-1.000 ppm mucha gente la encuentra francamente desagradable, pero eso no la convierte en peligrosa.
De hecho, parte de esos sólidos son minerales que el cuerpo aprovecha. El calcio y el magnesio del agua contribuyen a la ingesta diaria, aunque la mayor parte siga viniendo de la dieta. Cuando alguien nos pregunta qué es el TDS del agua esperando una nota de calidad del cero al diez, la respuesta honesta es que ese número, por sí solo, no aprueba ni suspende a ningún agua.
Lo que sí cuenta el TDS, de forma indirecta, es cómo se comportará el agua en tu casa: más mineralización suele implicar más incrustaciones en resistencias, más manchas en la mampara y un té con esa película flotando en la superficie que tanto desconcierta la primera vez.
Aquí conviene separar tecnologías, porque no todas sirven. Las jarras filtrantes y los filtros de carbón activado mejoran el sabor al retirar cloro y algunos compuestos orgánicos, pero apenas tocan las sales disueltas: el TDS antes y después es prácticamente el mismo. Para bajar de verdad la mineralización hace falta ósmosis inversa, una membrana que retiene entre el 85 y el 95 % de los sólidos disueltos.
En las instalaciones que hacemos desde Aquaidam por la Comunitat Valenciana es habitual partir de aguas de 500-800 ppm y servir en el grifo de consumo agua en torno a 30-80 ppm, ligera y sin regustos. Los equipos domésticos de ósmosis y filtración para el hogar se instalan bajo el fregadero, y también existen versiones de sobremesa que no requieren obra.
En el litoral hay además un actor peculiar: las desaladoras mediterráneas. El agua de mar desalada sale con muy pocos sólidos disueltos y luego se remineraliza de forma controlada antes de distribuirse, por lo que municipios costeros que mezclan orígenes pueden ver oscilar su TDS a lo largo del año sin que nada vaya mal. Si un día tu lectura baja o sube sin explicación, la mezcla de suministros es la primera sospechosa.
Un último apunte práctico: si instalas ósmosis, el propio TDS se convierte en tu aliado. Medirlo cada pocos meses es la forma más rápida de comprobar que la membrana sigue rindiendo, y cualquier técnico lo usa como primera verificación en el mantenimiento.
Es la cantidad total de sólidos disueltos que contiene el agua: minerales como calcio, magnesio o sodio, junto con bicarbonatos, sulfatos y cloruros. Se expresa en miligramos por litro o en partes por millón, que son equivalentes. Indica cuánta mineralización lleva el agua, no si es apta o no para el consumo.
No hay un valor sanitario obligatorio. Por sabor, la mayoría de la gente prefiere aguas entre 50 y 300 ppm. Por encima de 600 ppm el agua se nota pesada y con regusto mineral. Las guías de la OMS tratan el TDS como una cuestión de aceptabilidad, no de seguridad.
No necesariamente. En el Levante, un TDS de 600-800 ppm suele deberse a calcio y bicarbonatos procedentes de terrenos calizos, minerales sin riesgo para la salud. La contaminación real (bacterias, pesticidas, metales) puede darse igualmente con TDS bajo, así que la cifra no sirve para detectarla.
Apenas. Las jarras trabajan con carbón activado y resinas que mejoran sabor y olor al retirar cloro y algo de cal temporal, pero la mayoría de las sales disueltas siguen ahí. Si mides antes y después, la diferencia suele ser mínima. Para reducir el TDS de forma notable hace falta ósmosis inversa.
Depende de la zona y del origen del suministro, pero lo habitual es moverse entre 400 y 800 ppm, una mineralización media-alta o alta. Es coherente con la geología caliza de las cuencas del Turia y el Júcar, que también explica la dureza elevada del agua levantina.
Una medición cada tres o cuatro meses es suficiente. Si entiendes qué es el TDS del agua producida por tu equipo, sabrás detectar el desgaste de la membrana: cuando la cifra del grifo de ósmosis empieza a subir de forma sostenida, toca revisar o sustituir filtros.
Aquaidam instala y mantiene equipos de purificación en toda la Comunitat Valenciana. Te asesoramos sin compromiso.
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